Con gran dolor recibí este pasado domingo la enlutada noticia del fallecimiento de José Antonio Labordeta Subías. De la misma manera que la inmensa marea de personas que fueron a despedirle, a decirle adios.
El "abuelo", el "beduino", además de persona trabajadora y luchadora por sus ideas, fue y será siempre recordado como una grandísima persona, de gran honestidad, coraje y un ejemplo de compromiso y lealtad a uno mismo.
De sobra conocidas son algunas de sus declaracinoes en el Congreso de los Diputados, como aquella vez en que manifestó: "Ustedes están habituados a hablar siempre porque aquí han controlado el poder toda la vida, y ahora les fastidia que vengamos aquí a poder hablar las gentes que hemos estado torturadas por la dictadura. Eso es lo que les jode a ustedes, coño, y es verdad, joder. A la mierda". Dirigida contra la bancada popular. Así consta en el Diario de Sesiones.
Pero sería un grandísimo y profundo error recordar a Labordeta por estas puntuales y no más que llamativas palabras, dejando de lado toda una labor al alcance de muy pocos, o ninguno.
Uno no sabe muy bien qué trato profesional hay que dedicarle a este aragonés, si hombre honesto, cantautor, político, idealista, poeta, profesor, documentalista, etc.
Lo cierto es que fue, es y será un ejemplo para muchos.
Persona laica, defensor a ultranza de la causa republicana, seguramente no aprobaría tanto follón alrededor de su figura. Un abrazo. Salud.
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