
Esperanza y orgullo es lo que se siente al conocer que un pueblo australiano, Bundanoon, ha logrado decidir democráticamente prohibir la venta de agua embotellada en su territorio.
Esperanza porque este acto demuestra que la población civil sigue teniendo la última palabra, que las personas físicas, las de a pie, podemos tomar decisiones, que la verdadera democracia sigue adelante.
Orgullo porque una actuación así merece todos los aplausos y enhorabuneas posibles. Orgullo porque como ciudadano veo que no dependo de las decisiones de "peces gordos", que la ciudadanía tiene el mando.
Como decía al comienzo, el pueblo australiano de Bundanoon, con toda su población, se negó a permitir que una empresa embotelladora (Norlex Holding) recogiera de una reserva suberránea de la población el agua que allí se encontraba. Así, gran parte de los 2500 habitantes de este lugar, preocupados por el impacto que provocaría la empresa embotelladora con estas estracciones en el medio ambiente, lanzaron una campaña contra tal iniciativa. Campaña que culminó exitosamente en un pleno comunitario donde se tomó la decisión por mayoría aplastante (DEMOCRACIA) la prohibición de vender agua embotellada en el pueblo. Sólo hubo dos votos en contra de la propuesta, y uno de ellos era el responsable de la compaía embotelladora en el lugar. En frente, 350 votos de los restantes residentes.
Personalmente me parece una propuesta totalmente innovadora, que dudo que haya tenido lugar en alguna otra parte del mundo, y totalmente razonable. Las botellas de agua acaban la mayoría de las veces en los cubos de basura o papeleras, y cuando, en reducidas ocasiones, son depositadas en los contenedores de reciclaje, los recursos necesarios para llevar a cabo tal reciclaje son innumerables. Si a esto le sumamos que en Australia el porcentaje de basura reciclada es ínfimo, y que el coste es altísimo, más razonable nos parece la propuesta.
Además, ya está bien de depender de los derivados del petróleo para desenvolvernos en nuestras vidas. Hace poco leí en un informe, de cuyo nombre no quiero acordarme, que si continúa el consumo actual de petróleo habremos acabado con sus existencias dentro de 70 años. Así que es hora de empezar a prescindir de ciertos plásticos.
Este movimiento no se paraliza en esta prohibición, sino que ha continuiado con la construcción de un importante número de fuentes públicas de energía renovable, para que los transeúntes no precisen de agua embotellada, y puedan beber directamente de las fuentes o llenar las botellas que ya tengan con este agua.
Las autoridades recomiendan por todos los medios de difusión que se intente no comprar agua embotellada. De momento no habrá sanciones para las personas que quieran comprar agua embotellada, lo cual, bajo mi punta de vista, es lo correcto. No hará falta sancionar a nadie, ya que todas las personas (menos dos) votaron a favor de la propuesta, y con tante fuente pública y tanto acceso a agua sin embotellar sería ridículo comprar botellines de Nestlé (por poner un ejemplo).
"Comprar una botella de agua cuesta casi dos dolares y cincuenta. ¿El coste para producir el agua en la ciudad? Puedo rellenaros 6000 botellas con agua de grifo por el mismo precio", declaró Perrault (presidente de FCM) a los microfonos de CBC News.
El suceso ha saltado recientemente a los medios de comunicación, pero lo cierto es que este pueblo lleva ya catorce meses sin beber agua embotellada desde su decisión. Pero como suele pasar, los medios no difunden tales acontencimientos a no ser que algo más acontezca, en este caso, un revés judicial para Bundanoon. Norlex Holding, según orden judicial, sigue sin tener derecho a vender agua embotellada en la localidad, pero tiene permiso para sustraer agua del manantial local. Los ciudadanos ganaron a la botella, pero no a quien embotella. Por ahora, esperemos.
Habrá que tener más en cuenta a los australianos, ya que, otro pequeño y remoto pueblo de Tasmania fue el primero en declararse "libre" de bolsas de plástico.
Lo dicho, esperanza y orgullo.
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